viernes, 16 de septiembre de 2011

El Túnel

   “En todo caso, había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío”
El Túnel (1948)



  
 Ernesto Sabato (1911- 2011)                         
                          
"La literatura no es un pasatiempo ni una evasión, sino una forma -quizá la más completa y profunda- de examinar la condición humana".


Para aproximarnos a la figura de Ernesto Sabato, les propongo la lectura de las palabras de José Saramago, escritor portugués Premio Nobel de Literatura, en ocasión del Homenaje a Sabato en el Congreso de la Lengua 2004, en Rosario.

“Mi iniciación en el universo narrativo de Ernesto Sábato, y también en lo que podríamos llamar su cosmos personal, sucedió hace mucho tiempo, hacia el final de los remotos años 50, cuando, en un ya desaparecido café de Lisboa, nos reuníamos unos cuantos amigos para hablar de libros en voz alta y de política en voz baja, por razones que, tanto en el primer caso como en el segundo, no necesitan mayor explicación. En esa época las preferencias y los modelos literarios de nuestro grupo se orientaban, en su mayoría, hacia la dulce y entonces todavía inmortal Francia, aunque algunos, con apenas disimulada soberbia, hacían exhibición de intimidades con las literaturas de expresión inglesa, sobre todo con la norteamericana, sobre cuya validez (me refiero, claro está, a las pregonadas intimidades) los francófilos, por envidia, manifestaban las más severas reservas. Paradójicamente, la armonía en estos inflamados debates, que nunca se concluyeron de manera satisfactoria, quedaba desviada, alguna que otra vez, con las intervenciones de un compañero algo excéntrico que tenia sus amores culturales en otros puntos del planeta y que los defendía con evidente conocimiento de causa. No éramos, hágasenos al menos esa justicia, completamente ignorantes de lo que sucedía entre el Río Grande y el cabo de Hornos, pero lo que presumíamos saber no iba mas allá de lo fragmentario y, en el fondo, se alimentaba más de referencias y alusiones casuales que de un interés real y autónomamente motivado. Ese amigo providencial (de su boca oí hablar por primera vez de José Hernández y de Martín Fierro), se nos aparecía en el café con brazadas de títulos y de nombres y los lanzaba sobre la mesa como flores exóticas, entre las tazas y los ceniceros. Dejo aquí algunos de esos nombres y de esos títulos como una simple muestra de la riqueza de su jardín: Enrique Larreta y La gloria de don Ramiro, Ricardo Güiraldes y Don Segundo Sombra, Enrique Amorim y El paisano Aguilar, Miguel Ángel Asturias y El señor presidente, Rómulo Gallegos y Doña Bárbara, José María Arguedas y Los ríos profundos, Ciro Alegría y El mundo es ancho y ajeno, Julio Cortazar y Bestiario, Jorge Luis Borges y El Aleph, Adolfo Bioy Casares y La invención de Morel, Carlos Fuentes y La región más transparente... Como dejé dicho, estábamos entonces en las postrimerías de los años 50, razón más que poderosa para que El coronel no tiene quien le escriba y La ciudad y los perros todavía no hubieran llamado en la aldaba de las puertas del viejo café de Lisboa.

Y estaba Sábato. Por un extraño fenómeno acústico cualquiera, el día que oí pronunciar ese nombre entonces desconocido para mí, asocié las tres rápidas sílabas que lo componían a una súbita puñalada. Conocido como es el significado de esta palabra italiana, la asociación tendrá que parecer de lo más incongruente, pero las verdades son para ser dichas, y esta es una de ellas. El túnel fue publicado en 1948, pero yo no lo había leído. Entonces, a mis inocentes 26 años, todavía sería mucho el pan y mucha la sal que tendría que comer antes de descubrir el camino marítimo que me había de conducir a Buenos Aires... Fue aquel inolvidable compañero de mesa de café quien me proporcionó la lectura de la novela. Enseguida, en las primeras páginas, comprendí hasta que punto había sido exacta la osada asociación de ideas que me llevó de un apellido a un puñal, para colmo con una circunstancia agravante e inesperada: el puñal Sábato, después de clavado, no se retiraba de la herida, permanecería allí, moviéndose por sí mismo, despacio, para que la sangre no dejase de correr y la deseada cicatriz no acabara siendo nada más que un sueño imposible... Las lecturas siguientes que he ido haciendo de Ernesto Sábato, tanto de sus novelas como de sus ensayos, a lo largo de todos estos años, confirmaron aquella intuición inicial, la de que me encontraba ante un autor trágico y al mismo tiempo eminentemente lúcido que, además de ser capaz de abrir caminos por los corredores laberínticos del espíritu de los lectores, no les consentía, ni siquiera durante un solo instante que desviasen los ojos de la esquina más oscura del ser. ¿Lectura por eso difícil? Tal vez, aunque lectura fascinante entre todas. La amalgama de surrealismo, existencialismo y psicoanálisis que, según hoy opiniones más acreditadas, constituye el soporte «doctrinario» de las novelas del autor de Sobre héroes y tumbas, no nos debería hacer olvidar que ese proclamado «enemigo» de la razón que se llama Ernesto, Sábato es a la falible y humilde razón humana a la que acabará apelando cuando sus propios ojos, libres de escamas, se enfrentaron con ese otro apocalipsis que fue la sangrienta represión sufrida por el pueblo argentino. Novelas que se refieren a tiempos históricamente determinados y a lugares objetivamente definidos, El túnel, Sobre héroes y tumbas, Abbadón el exterminador no hacen oír solamente el grito de una conciencia afligida por su propia impotencia y la visión profética de una sibila a quien el futuro aterra, también nos avisan de que, tal como Goya (más conocido como pintor que como filósofo...) ya había dejado constancia en el famoso grabado de los Caprichos, es siempre del sueño de la razón que ha nacido, crecido y prosperado la inmunda genealogía de los monstruos.

Hacia este profeta áspero y agreste que la vejez no ha conseguido dominar, hacia esta conciencia dolorida por todas las desgracias del mundo, que un día, muchos años después de las tertulias del café de Lisboa, encaminé finalmente mis pasos, a esa ciudad de Santos Lugares donde también suele irse por otras peregrinaciones edificantes, aunque ninguna tan hermosa y rica en Lecciones para el empedernido descreído que les habla. De nuestro primer encuentro dejé un emocionado recuerdo en mis Cuadernos de Lanzarote. Permítaseme que les lea este breve fragmento:

Dentro, pasé a la penumbra reinante, ninguna luz estaba encendida. Y en ningún momento Sábato se quito las gafas oscuras, de lentes gruesísimos. La sala donde nos recibió daba a la parte de atrás del jardín, la pared divisoria de ese lado, acristalada, apenas dejaba entrar la luz quebrada del rápido atardecer. Ofrecí a Sábato el Ensayo sobre la ceguera, él quiso saber qué ciegos eran estos míos, yo le hablé de los suyos, después hicimos un repaso juntos de algunos de los ciegos más ilustres de la literatura, tanto de personajes como de autores, y acabamos preguntándonos aquello que muchos han querido saber: si los problemas de visión que uno y otro hemos padecido habrán sido la causa inmediata de nuestras contribuciones de ciegos a los estudios literarios. Estuvimos de acuerdo en que no. Trajeron un café, que tomamos en silencio. Después Sábato se lanzó, como quien repite un camino ya muchas veces recorrido, a un largo soliloquio que comenzaba por la evocación dolorida de la muerte reciente de un hijo (herida que siempre le estará sangrando), y luego, como si le fuese imposible escapar de su propio laberinto, transito por las diversas obsesiones que le conocemos: la implacable descreencia en la razón, la negación crítica del conocimiento científico, el problema del mal, Dostoievski, la apología de la obra breve... La sala fue oscureciendo hasta que casi no conseguíamos vernos. Sábato no se levantó a encender la luz. Sombra entre sombras, su voz de ceniza lentamente fue cubriendo la sala, los estantes, las caras, los bultos, las manos. Le dije que hasta para no creer en la razón teníamos necesidad de la razón, que el mal no era efecto ni obra de un demonio, que no hay otro demonio ni otro Dios que la cabeza del propio hombre. No tengo seguridad de que me oyera, su voz era como un no negro hacia el cual, poco a poco, yo mismo, todavía sujeto a la orilla, iba resbalando.

Esta fue la primera vez que nos vimos. Regresé años después a Santos Lugares, luego fuimos coincidiendo aquí y allí del mundo, en Madrid, en Badajoz, en Lanzarote, cada vez más próximos el uno del otro en la inteligencia y en el corazón, el hermano mayor, yo, sólo un poco más joven, dos seres que, en el exacto momento en que finalmente se encontraron, comprendieron que se habían estado buscando. Hoy, Ernesto, aquí estamos una vez más, y ha sido a mí, escritor portugués y amigo tuyo, a quien le ha cabido el honor inestimable de verse elegido mensajero, no ya de todos cuantos han venido a Rosario a celebrar los fastos de la lengua castellana y a ampliar las avenidas de su futuro, sino también (que me sea perdonada la presunción) de cuantos, fuera de estas paredes, en Argentina, en América, en el mundo, lo admiran y lo respetan, leen tus libros, escuchan tus palabras y contigo mantienen el mejor de los diálogos, el de las conciencias. Entre el temor y el temblor en que nuestras vidas discurren, la tuya no podía ser una excepción. Aunque quizás no se encuentre en los días de hoy una situación tan radicalmente dramática como la tuya, la de alguien que, siendo tan humano, se niega a absolver a su propia especie, alguien que a sí mismo no se perdonará nunca su condición de hombre. No todos le agradecerán la violencia. Yo te pido que no la desarmes”.

Datos biográficos y de su producción literaria pueden encontrar en este sitio del Ministerio de Educación: http://www.me.gov.ar/efeme/sabato/enlaces.html . También en:

http://es.wikipedia.org/wiki/Ernesto_Sabato,en este link: http://www.literatura.org/Sabato/Sabato.html o en un video para el Canal Encuentro: http://vimeo.com/24922809

Un reconocido Homenaje a Sabato por su trabajo en la CONADEP y la elaboración del Prólogo del Nunca más, en este link: http://www.youtube.com/watch?v=lqbPDz85iyI; el texto completo del Prólogo escrito por Sabato en : http://www.losderechoshumanos.com.ar/sabato.htm

Y las frases más destacadas del escritor en: http://www.abc.es/20110430/cultura-libros/abci-frases-destacadas-sabato-201104301405.html

Pueden leer el texto digital de la novela El Túnel en estos sitios: http://letrahispanica.com/blog/wp-content/uploads/2011/05/eltunel.pdf, o bien en : http://www.quedelibros.com/libro/14158/El-Tunel.html





lunes, 18 de julio de 2011

Cuento sin moraleja - Julio Cortázar

Cuento sin moraleja
Les ofrezco la posibilidad de escuchar un texto con la voz de Julio Cortázar, en este link  http://www.youtube.com/watch?v=zMiO2oWlAzI&feature=related

Un hombre vendía gritos y palabras, y le iba bien, aunque encontraba mucha gente que discutía los precios y solicitaba descuentos. El hombre accedía casi siempre, y así pudo vender muchos gritos de vendedores callejeros, algunos suspiros que le compraban señoras rentistas, y palabras para consignas, esloganes, membretes y falsas ocurrencias.

Por fin el hombre supo que había llegado la hora y pidió audiencia al tiranuelo del país, que se parecía a todos sus colegas y lo recibió rodeado de generales, secretarios y tazas de café.

-Vengo a venderle sus últimas palabras -dijo el hombre-. Son muy importantes porque a usted nunca le van a salir bien en el momento, y en cambio le conviene decirlas en el duro trance para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo. -Traducí lo que dice- mandó el tiranuelo a su intérprete. -Habla en argentino, Excelencia. -¿En argentino? ¿Y por qué no entiendo nada? -Usted ha entendido muy bien -dijo el hombre-. Repito que vengo a venderle sus últimas palabras.

El tiranuelo se puso en pie como es de práctica en estas circunstancias, y reprimiendo un temblor, mandó que arrestaran al hombre y lo metieran en los calabozos especiales que siempre existen en esos ambientes gubernativos.

-Es lástima- dijo el hombre mientras se lo llevaban-. En realidad usted querrá decir sus últimas palabras cuando llegue el momento, y necesitará decirlas para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo. Lo que yo iba a venderle es lo que usted querrá decir, de modo que no hay engaño. Pero como no acepta el negocio, como no va a aprender por adelantado esas palabras, cuando llegue el momento en que quieran brotar por primera vez y naturalmente, usted no podrá decirlas.

-¿Por qué no podré decirlas, si son las que he de querer decir? -preguntó el tiranuelo ya frente a otra taza de café.

-Porque el miedo no lo dejará -dijo tristemente el hombre-. Como estará con una soga al cuello, en camisa y temblando de frío, los dientes se le entrechocarán y no podrá articular palabra. El verdugo y los asistentes, entre los cuales habrá alguno de estos señores, esperarán por decoro un par de minutos, pero cuando de su boca brote solamente un gemido entrecortado por hipos y súplicas de perdón (porque eso sí lo articulará sin esfuerzo) se impacientarán y lo ahorcarán.

Muy indignados, los asistentes y en especial los generales, rodearon al tiranuelo para pedirle que hiciera fusilar inmediatamente al hombre. Pero el tiranuelo, que estaba-pálido-como-la-muerte, los echó a empellones y se encerró con el hombre, para comprar sus últimas palabras.

Entretanto, los generales y secretarios, humilladísimos por el trato recibido, prepararon un levantamiento y a la mañana siguiente prendieron al tiranuelo mientras comía uvas en su glorieta preferida. Para que no pudiera decir sus últimas palabras lo mataron en el acto pegándole un tiro. Después se pusieron a buscar al hombre, que había desaparecido de la casa de gobierno, y no tardaron en encontrarlo, pues se paseaba por el mercado vendiendo pregones a los saltimbanquis. Metiéndolo en un coche celular, lo llevaron a la fortaleza, y lo torturaron para que revelase cuales hubieran podido ser las últimas palabras del tiranuelo. Como no pudieron arrancarle la confesión, lo mataron a puntapiés.

Los vendedores callejeros que le habían comprado gritos siguieron gritándolos en las esquinas, y uno de esos gritos sirvió más adelante como santo y seña de la contrarrevolución que acabó con los generales y los secretarios. Algunos, antes de morir, pensaron confusamente que todo aquello había sido una torpe cadena de confusiones y que las palabras y los gritos eran cosa que en rigor pueden venderse pero no comprarse, aunque parezca absurdo.

Y se fueron pudriendo todos, el tiranuelo, el hombre y los generales y secretarios, pero los gritos resonaban de cuando en cuando en las esquinas.

http://www.juliocortazar.com.ar

sábado, 16 de julio de 2011

Luna caliente - Mempo Giardinelli

  Luna caliente de Mempo Giardinelli. (1983).
  

La lectura de este fragmento servirá para ubicarnos en la trama y el contexto de la novela:

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"…Empezando por Argentina, cabe decir que la obra de Mempo Giardinelli no puede ser limitada al género policíaco. Su carácter heterogéneo le ha hecho practicar todo tipo de géneros y formas literarias, teniendo siempre como rasgo esencial su compromiso político y su rechazo de las formas totalitarias que inundaron los gobiernos hispanoamericanos en la década de los 70. Ese compromiso está presente en las dos obras que más se amoldan a la narrativa negra en su extensa bibliografía Qué solos se quedan los muertos (1985) y, sobre todo, Luna caliente (1983). La primera gira alrededor del tema de la culpa y el castigo, con el desencanto del fracaso del reformismo del 68 como fondo. La segunda trata los mismos temas y presenta un asfixiante fresco social que se identifica con la situación social y política vivida en Argentina durante la dictadura. La novela logra así trascender un esquema narrativo estereotipado para ejecutar su capacidad de denuncia sobre la situación del país hispanoamericano durante los últimos años de la década de 1970, mostrando así el valor de la literatura negra como reflejo crítico de la realidad, tal y como el propio Giardinelli manifestó:
“El género mismo tiene una virtud: es tan apegado a la realidad, tan dependiente de la realidad que ahí está su limitación conceptual como literatura, pero ahí esta también su maravilla. En América Latina, como en África describes la realidad y estás haciendo el manifiesto revolucionario. Si tú describes lo que pasa en la realidad con tu mirada honesta y sincera, es una mirada de lucha aunque no tengas la intención de hacerlo. Yo creo que en ese sentido el género es noble”. (Osorio y Muga: 1).

A medio camino entre Lolita y los clásicos de la novela criminal de James M.Cain (El cartero siempre llama dos veces o Pacto de sangre, ésta última base del guión de Perdición), Luna caliente narra la historia de un joven y prometedor abogado argentino que, al volver a su país después de terminar sus estudios en Francia, se ve envuelto en una obsesiva y apasionada relación con una adolescente, hija de un viejo amigo de la familia, que le lleva a cometer un crimen y a iniciar una huida tan llena de obstáculos como de remordimientos y deseos. Ambientada en una atmósfera ensoñadora en la que realidad y fantasía se entremezclan sin dejar lugar a las verdades absolutas, la trama de la novela avanza a golpe de sorpresas, atrapando al público con golpes inesperados y revelaciones inauditas que hacen que sea prácticamente imposible no sumergirse por completo en la historia y leerla de un tirón. Sin caer en efectismos ni trucos de folletín, el autor logra mantener la tensión durante toda la narración. En permanente encrucijada, el lector se divide entre la duda de no saber la verdad y la angustia que le transmite el personaje principal, que se debate entre el sentimiento de culpa, el miedo al castigo y la atracción turbadora por la joven protagonista. Lejos de limitar el alcance de la obra al mantenimiento de la intriga, a la lúbrica relación entre los dos jóvenes amantes y a la poderosa y brutal capacidad de transformación del deseo, Giardinelli sitúa la trama en el opresivo y brutal ambiente de la dictadura militar argentina de 1977 y le da así nuevos matices y trasfondos. Esta mirada crítica se efectúa a través de la aparición en la novela de personajes de las fuerzas de seguridad de la época que, encargados de imponer miedo y de hacer de cada individuo un sospechoso en potencia, ejemplifican a la perfección el ambiente hostil y temeroso que imponen todas las dictaduras.

Dice el escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II que la novela negra latinoamericana, el denominado neopolicial, es una literatura «de crímenes muy jodidos, en la que lo que importa no son tanto los crímenes como el contexto». Así lo muestra Luna caliente, en cuya narración es imposible disociar la conducta irracional del protagonista con el violento clima que le rodea. Esa constante presencia social de la violencia está también presente en uno de los acercamientos al género de Ricardo Piglia, probablemente el más universal de cuantos escritores pueblan hoy el panorama literario argentino. Basada en un hecho real Plata quemada, obra de interesante planteamiento narrativo, relata la peripecia de una serie de atracadores que parecen abocados a delinquir, sin que la sociedad les ofrezca salidas, alternativas ni opciones. De ahí que la primigenia novela criminal, cultivada por el ya citado Cain o por Horace McCoy o Jim Thopsom, haya de ser referente obligado a la hora de hablar de la producción policiaca de estos dos autores argentinos que, al igual que sus antecedentes norteamericanos, parecen considerar al hombre como un ente inerte condicionado por su contexto, repleto de podredumbre moral y violencia. La crítica social que en el caso hispanoamericano pone especial énfasis en la denuncia de la corrupción gubernamental y de la desidia policial resulta así evidente…”

Àlex Martín Escribà y Javier Sánchez Zapatero   "Una mirada al neopolicial latinoamericano” http://www.ucm.es/BUCM/revistas/fll/02104547/articulos/ALHI0707110049A.PDF

• A partir de la lectura de este fragmento y de las reflexiones de Paco Ignacio Taibo deberán enumerar qué características del género negro se dan en Luna caliente  y ejemplificar el contexto social y político y las críticas al sistema imperante en el país.

“La novela negra en lengua hispana, sin perder la esencia de la novela negra norteamericana, va a tomar un cuerpo propio: la crítica y denuncia tiene como referente los países de los escritores. La novela negra escrita en español no apareció en la misma época en todos los países hispanos, y muchos de los escritores que la cultivaron difieren en muchos aspectos. No obstante, hay rasgos comunes entre los escritores de este género como los señala Paco Ignacio Taibo:

“Los elementos comunes a todas estas novelas: caracterización de la policía como una fuerza del caos, del sistema bárbaro, dispuesta a ahogar a los ciudadanos; presentación de un hecho criminal como un accidente social, envuelto en la cotidianidad de las grandes nuevas ciudades; énfasis en el diálogo como conductor de la narración, gran calidad en el lenguaje sobre todo en la construcción de ambientes; personajes centrales marginales por decisión.”

Asimismo, este estudioso destaca la crítica que los escritores hacen en sus novelas al sistema imperante de sus países respectivos, como un denominador común en la novela negra en español. En este sentido es seguidora de la novela negra norteamericana, pero a diferencia de ésta va a tener un sesgo más que capitalista, social y político.

A todas las novelas es común una suave carga de escepticismo y soledad en los personajes, un toque de denuncia social y de un rechazo de sistema, un rescate de lo cotidiano paseado y hablado, una excelente arquitectura de novela criminal, una visión de violencia como algo más allá de los actores, como algo que se origina en la cúpula de la sociedad que viene de la esencia del sistema...[…]…En esta línea estaría inscrito Mempo Giardinelli, quien no sólo vivió el exilio sino que en esta situación publicó su novela Luna caliente (1983). Novela en la que el autor argentino hace una denuncia sobre la dictadura militar y muestra un rechazo a este sistema de gobierno…”



La novela negra

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"La verdadera novela negra está hecha mitad de crimen y misterio, y mitad de talento literario. Deja chiquita a mucha literatura rebuscada e incompresible de nuestros días"
Raymond Chandler


Para abordar las características de la novela negra, representantes del género y tipos les sugiero que vayan a este link: http://es.wikipedia.org/wiki/Novela_negra

Lean el texto siguiente en este enlace: http://www.urbinavolant.com/archivos/literat/novneg.pdf

• Marquen las diferencias entre novela policíaca y novela negra y realicen un cuadro comparativo.

Luego lean  la teoría de Mariano Sánchez Soler acerca de “Como se escribe una novela negra” en este enlace: http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/tecni/novnegra.htm

Les propongo la lectura de Luna caliente (1983), del escritor argentino Mempo Giardinelli. Datos biográficos del autor pueden encontrar en su blog personal: http://www.mempogiardinelli.com/home.htm

Además, es interesante una entrevista a Mempo Giardinelli de Goran Tocilovac, para diario “El Comercio” (de Lima, Perú ), titulada “Sobre el género negro”:

sábado, 9 de julio de 2011

La Transtextualidad

Un texto se puede relacionar con otro texto, ya sea por su forma o por su contenido. Esta relación se denomina en sentido amplio, transtextualidad,que según Gerard Genette, adopta distintas formas, entre ellas:
Intertextualidad: relación entre dos textos a partir de la inclusión de uno en otro, en forma de cita o alusión.
Hipertextualidad:relación de un texto con otro anterior del cual deriva por transformación o por imitación. Una y otra pueden ser de carácter lúdico, satírico o serio.
Metatextualidad: relación que une un texto con otro a través del comentario. El modo más acabado es la “crítica”.

Para iniciarnos en la intertextualidad les sugiero que desarrollen las actividades del Taller de intertextualidad del blog de Álvaro Gómez Castro en este enlace:
http://alvarogomezcastro.over-blog.es/article-33963761.html
A continuación les propongo:
 a.  Buscar ejemplos de intertextualidad en textos que conozcan.
 b. Registrar o crear titulares de diarios o revistas de opinión que establezcan relaciones de  transtextualidad con discursos literarios o mediáticos a que se podrían referir.
        Por ejemplo:
             Tiempos Difíciles (titular de un periódico)
              - el mismo título de una obra de Charles Dickens.
  c. Reconocer la intertextualidad en titulares de diarios o revistas que les mostrará la profesora.

La intertextualidad, las distintas versiones de una misma obra, con sus textos, sus hipertextos y sus hipotextos pueden verse en obras en las que se recrea o se juega con un conocido original. En estos microcuentos de Franz Kafka, Juan José Arreola y Marco Denevi las conexiones con el Quijote están claras.

“La verdad sobre Sancho Panza” de Franz Kafka.
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/kafka/verdad.htm
“Teoría de Dulcinea” de Juan José Arreola
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/arreola/teoria.htm
“El precursor de Cervantes” de Marco Denevi
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/denevi/el_precursor_de_cervantes.hm

La relación intertextual apela a las competencias culturales de los receptores. Por eso, para comprender los textos anteriores, es necesario ampliar la información extratextual. Intenten establecer las semejanzas y diferencias entre el hipotexto e hipertexto.

jueves, 7 de julio de 2011

Intertextualidad

Textos Cruzados


Sentada cómodamente en el sillón de terciopelo verde empiezo a leer y rápidamente me siento como desgajada de lo que me rodea, palabra a palabra, absorbida por la sórdida disyuntiva de los héroes...la lectura me va ganando poco a poco. Las horas transcurren lentas, morosas, pero la historia late entre mis manos hasta que me detengo en una palabra: Eusapia, la ciudad de los muertos, esa copia idéntica, invisible, escondida bajo tierra, una réplica exacta de la visible, la de arriba, la ciudad de los vivos. Inmediatamente la relaciono con Tlön, ese lugar ¿Uqbar o Comala? “Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar. El espejo inquietaba el fondo de un corredor en una quinta de la calle Gaona, en Ramos Mejía; o... Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. ...O aquél... Yo soy Francisco Real, un hombre del Norte. Yo soy Francisco Real, que le dicen el Corralero. Yo les he consentido a estos infelices que me alzaran la mano, porque lo que estoy buscando es un hombre. Andan por ahí unos bolaceros diciendo que en estos andurriales hay uno que tiene mentas de cuchillero, y de malo, y que le dicen el Pegador. Quiero encontrarlo pa que me enseñe a mí, que soy naides, lo que es un hombre de coraje y de vista…”, ¡qué confusión!... no, ése el personaje que se va con la Lujanera.

Sigo...entonces... Eusapia ... en la máquina sinóptica del loco de Russell, es donde toda la ciudad de Buenos Aires está concentrada. Como la ciudad de los muertos, la ciudad real depende de su réplica, como ha alterado las relaciones de representación, “la ciudad real es la que esconde en su casa y la otra es sólo un espejismo o un recuerdo”. Claro, ésa de la calle Bacacay, en el barrio de Flores. Y pienso en la casa de la calle Garay, la de los padres de Daneri, en cuyo sótano hay un aleph, el microcosmos del macrocosmos, el centro que concentra todos los puntos del universo. De golpe recuerdo que Borges tenía que bajar al sótano solo – como el espectador de Russell – y acostarse en posición decúbito dorsal para ver el aleph y esperar en la oscuridad...de repente lo ve y puede observar todo desde todos los ángulos..."Vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo". Sí, como el espectador del laboratorio de Russell que dice “vi una puerta y un catre, vi un Cristo en la pared del fondo y en el centro del cuarto, distante y cercana, vi la ciudad y lo que vi era más real que la realidad, más indefinido y más puro”. Plagio puro, señores, plagio...nada de originalidad. Lo que vio Borges fue un televisor Hitachi de 122 pulgadas, la extrema debilidad de su vista le impidió distinguirlo, apunta Fontanarrosa. ¿Y de la moneda griega qué digo? ¿Del “dracma” que para los griegos era un objeto trivial y mágico? “El destino está en la esfinge de una moneda” – agrega Piglia -, como el zahir -describe Borges- una moneda de 20 centavos en Buenos Aires, un tigre en Guzerat en el siglo XVIII, un astrolabio en Persia, una brújula en el siglo XIX, una veta en el mármol de un pilar en la aljama de Córdoba, el fondo de un pozo en Tetuán...Parece que tanto a Borges como a Piglia les obsesionaban el poder de los objetos sobre una persona...”una moneda es como un oráculo”, algo misterioso y mágico, algo conjetural...como un aleph. Me pregunto por qué las cosas están relacionadas con uno mismo, con nuestra propia historia, con nuestro destino “Y comprendió que un destino no es mejor que otro, pero que todo hombre debe acatar el que lleva adentro. Comprendió que las jinetas y el uniforme ya lo estorbaban. Comprendió su íntimo destino de lobo, no de perro gregario; comprendió que el otro era él”, porque para los sabios de Tlön “mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres”. . Y en el final del cuento de Piglia la revelación: “Y entonces comprendí lo que ya sabía: lo que podemos imaginar siempre existe, en otra escala, en otro tiempo, nítido y lejano, igual que un sueño”... y en esa búsqueda se nos va la vida, como buscando el lugar dominado por las ideas, la ciudad de los pensamientos, tan irreal como inalcanzable, tan abstracta y conjetural como el sueño, tan indescifrable como el destino. “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”. Y recuerdo que a Tadeo Isidoro Cruz, “que no sabía leer, ese conocimiento no le fue revelado en un libro; se vio a sí mismo en un entrevero y un hombre”. Ahora alcanzo a comprender que el mapa de Russell es “esa síntesis de la realidad, un espejo que nos guía en la confusión de la vida. Hay que saber leer entre líneas para encontrar el camino”.

Continúo leyendo sin dejar de pensar que no puedo desprenderme de los textos leídos, que se agolpan en mi memoria de manera caótica, pero al mismo tiempo reveladora, tan caóticos y reveladores como los sueños y que “nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años”... la certeza de lo vivido y de lo leído. Que todo texto es un laberinto como Tlön “pero es un laberinto urdido por hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres”… y que los textos, atraviesan todo mi cuerpo.

Enlaces
De Julio Cortázar
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/cortazar/continui.htm
http://www.youtube.com/watch?v=vpY7c5z8diQ
http://www.youtube.com/watch?v=FPn_r8S9MaA&feature=related
De Italo Calvino
www.quieroleer.com.ar/libros/ciudades-invisibles/48.html
De Jorge Luis Borges
http://www.youtube.com/watch?v=srsAvjSFPxM
http://www.youtube.com/watch?v=c0c3Wtqn6I8&NR=1
http://www.youtube.com/watch?v=7ER919AtOgA&feature=related
www.textosenlinea.com.ar/borges/El%20aleph.pdf
http://www.madregot.com/AlefBet.htm
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/borges/tlon.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Tl%C3%B6n,_Uqbar,_Orbis_Tertius
http://www.literatura.org/Borges/EsquinaRosada.html
www.libreriahispana.com/borges/elzahir.html
http://www.libreriahispana.com/borges/biografia.html
http://www.ehu.es/francoiradi/LABERINTOS/labe_03.htm
De Juan Rulfo
http://html.rincondelvago.com/pedro-paramo_juan-rulfo_4.html 
http://www.librosgratisweb.com/pdf/rulfo-juan/pedro-paramo.pdf
De Ricardo Piglia
obsesivababel.blogspot.com/.../dos-textos-de-ricardo-piglia.html
www.literatura.org/Piglia/Piglia.html
s.wikipedia.org/wiki/Ricardo_Piglia
http://www.youtube.com/watch?v=ZBIfNmSUicE
De Roberto Fontanarrosa
http://www.elortiba.org/fontana.html
http://www.literatura.org

domingo, 26 de junio de 2011

El hilo del laberinto - Textos cruzados

El hilo del laberinto

Textos Cruzados



Sentada cómodamente en el sillón de terciopelo verde empiezo a leer y rápidamente me siento como desgajada de lo que me rodea, palabra a palabra, absorbida por la sórdida disyuntiva de los héroes...la lectura me va ganando poco a poco. Las horas transcurren lentas, morosas, pero la historia late entre mis manos hasta que me detengo en una palabra: Eusapia, la ciudad de los muertos, esa copia idéntica, invisible, escondida bajo tierra, una réplica exacta de la visible, la de arriba, la ciudad de los vivos. Inmediatamente la relaciono con Tlön, ese lugar ¿Uqbar o Comala? “Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar. El espejo inquietaba el fondo de un corredor en una quinta de la calle Gaona, en Ramos Mejía; o... Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. ...O aquél... Yo soy Francisco Real, un hombre del Norte. Yo soy Francisco Real, que le dicen el Corralero. Yo les he consentido a estos infelices que me alzaran la mano, porque lo que estoy buscando es un hombre. Andan por ahí unos bolaceros diciendo que en estos andurriales hay uno que tiene mentas de cuchillero, y de malo, y que le dicen el Pegador. Quiero encontrarlo pa que me enseñe a mí, que soy naides, lo que es un hombre de coraje y de vista…”, ¡qué confusión!... no, ése el personaje que se va con La Lujanera.

Sigo...entonces... Eusapia ... en la máquina sinóptica del loco de Russell, es donde toda la ciudad de Buenos Aires está concentrada. Como la ciudad de los muertos, la ciudad real depende de su réplica, como ha alterado las relaciones de representación, “la ciudad real es la que esconde en su casa y la otra es sólo un espejismo o un recuerdo”. Claro, ésa de la calle Bacacay, en el barrio de Flores. Y pienso en la casa de la calle Garay, la de los padres de Daneri, en cuyo sótano hay un aleph, el microcosmos del macrocosmos, el centro que concentra todos los puntos del universo. De golpe recuerdo que Borges tenía que bajar al sótano solo – como el espectador de Russell – y acostarse en posición decúbito dorsal para ver el aleph y esperar en la oscuridad...de repente lo ve y puede observar todo desde todos los ángulos..."Vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo”. Sí, como el espectador del laboratorio de Russell que dice “vi una puerta y un catre, vi un Cristo en la pared del fondo y en el centro del cuarto, distante y cercana, vi la ciudad y lo que vi era más real que la realidad, más indefinido y más puro”. Plagio puro, señores, plagio...nada de originalidad. Lo que vio Borges fue un televisor Hitachi de 122 pulgadas, la extrema debilidad de su vista le impidió distinguirlo, apunta Fontanarrosa. ¿Y de la moneda griega qué digo? ¿Del “dracma” que para los griegos era un objeto trivial y mágico? “El destino está en la esfinge de una moneda” – agrega Piglia -, como el zahir -describe Borges- una moneda de 20 centavos en Buenos Aires, un tigre en Guzerat en el siglo XVIII, un astrolabio en Persia, una brújula en el siglo XIX, una veta en el mármol de un pilar en la aljama de Córdoba, el fondo de un pozo en Tetuán...Parece que tanto a Borges como a Piglia les obsesionaban el poder de los objetos sobre una persona...”una moneda es como un oráculo”, algo misterioso y mágico, algo conjetural...como un aleph. Me pregunto por qué las cosas están relacionadas con uno mismo, con nuestra propia historia, con nuestro destino “Y comprendió que un destino no es mejor que otro, pero que todo hombre debe acatar el que lleva adentro. Comprendió que las jinetas y el uniforme ya lo estorbaban. Comprendió su íntimo destino de lobo, no de perro gregario; comprendió que el otro era él”, porque para los sabios de Tlön “mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres”. . Y en el final del cuento de Piglia la revelación: “Y entonces comprendí lo que ya sabía: lo que podemos imaginar siempre existe, en otra escala, en otro tiempo, nítido y lejano, igual que un sueño”... y en esa búsqueda se nos va la vida, como buscando el lugar dominado por las ideas, la ciudad de los pensamientos, tan irreal como inalcanzable, tan abstracta y conjetural como el sueño, tan indescifrable como el destino. “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”. Y recuerdo que a Tadeo Isidoro Cruz, “que no sabía leer, ese conocimiento no le fue revelado en un libro; se vio a sí mismo en un entrevero y un hombre”. Ahora alcanzo a comprender que el mapa de Russell es “esa síntesis de la realidad, un espejo que nos guía en la confusión de la vida. Hay que saber leer entre líneas para encontrar el camino”.

Continúo leyendo sin dejar de pensar que no puedo desprenderme de los textos leídos, que se agolpan en mi memoria de manera caótica, pero al mismo tiempo reveladora, tan caóticos y reveladores como los sueños y que “nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años”... la certeza de lo vivido y de lo leído. Que todo texto es un laberinto como Tlön “pero es un laberinto urdido por hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres”… y que los textos, atraviesan todo mi cuerpo.